Volcán de emociones
Flotando sobre el Índico, esta isla francesa es un paraíso natural por descubrir muy distinto al de su vecina Mauricio, por su origen volcánico. Y es que brotó del océano hace unos tres millones de años, tras varias erupciones que han configurado una escenografía perfecta para los amantes de la aventura. Pura adrenalina para un destino que no dejará indiferente a quien se deje tentar por su magia y misterio.
Viéndola desde el cielo en helicóptero -algo casi obligado- a uno le vienen a la memoria las primeras escenas de El mundo perdido, la segunda entrega de Parque Jurásico. Y es que ella, y en particular su corazón montañoso con una docena de pitones (picos) que superan los 2.000 metros, con vertiginosos desfiladeros envolviendo tres maravillosos circos (anfiteatros naturales), provoca el mismo cautivador misterio que el filme de Spielberg. Sólo que aquí, en lugar de bestias prehistóricas lo que rugen de vez en cuando son sus entrañas volcánicas; no en vano, la Isla de la Reunión brotó del Índico hace tres millones de años producto de un maremoto que gestó primero su cúspide, el Pitón de las Nieves (3.069 m.), y luego, tras otra espectacular erupción, el Pitón de la Fournaise (2.632 m.), uno de los más activos del mundo (aunque no peligroso) que de vez en cuando, como en 1986 o 2002, deja sentir su adormilada presencia emanando ríos de lava.
Texto: Manel Antolí · Fotografía: Félix Lorenzo
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