Historia del vestido de novia
Los colores siempre han tenido un sentido diferente según la época y la cultura que los hayan utilizado y en el caso de la elección del vestido de novia ha ocurrido lo mismo: a lo largo de la historia se han utilizado diferentes tonos para ese día tan especial.
Para los romanos, el blanco era un color que implicaba felicidad. Sin embargo, esto no quiere decir que las novias vistieran de este color en esta época: el color aceptado socialmente para la novia era el amarillo, que se identificaba con el dios del matrimonio.
En la Edad Media cualquier ropa servía para casarse, pero lo más común era hacerlo con colores alegres y túnicas rojas. En cambio, durante el Renacimiento se hacía con vestidos que seguían la moda del momento. Las mujeres nobles lucían costosísimos brocados de oro y plata, mientras que las más humildes estrenaban un vestido que luego utilizaban para sus tareas diarias.
Aunque algunos escritores del siglo XVI en Francia e Inglaterra describen novias vestidas de blanco, esta moda fue impuesta, posiblemente sin desearlo, por la Reina Victoria de Inglaterra en 1840. Durante su boda con Alberto de Sajonia lució un traje blanco bordado en oro. En años siguientes todas las damas de la nobleza utilizaron esta tonalidad en cuidadosos vestidos a los que añadían velos de encaje.
En los alrededores de 1860, para los vestidos de novia México se inspiraba en la moda nupcial europea, que llegaba desde Madrid con la revista La moda elegante ilustrada. En esta publicación aparecían noticias, tendencias y patrones que las mujeres de alta sociedad utilizaban para hacer sus vestidos de novia en un color que se impuso sobre los verdes, grises y los malvas: el blanco.
Además, también coincide que por estos años la Iglesia -que siempre había considerado el blanco como el color de la pureza- acepta el dogma de la Inmaculada Concepción. Así, se asocia esta tonalidad como símbolo de virginidad lo que potencia el uso de este color en los vestidos de novia.